miércoles, 27 de mayo de 2015

Breve reflexión a partir de charla de Benoit Mandelbrot





Imagino que resulta muy cómodo entender el mundo desde un sistema donde los valores son inmediatamente análogos a lo que sustituyen: los números son analogías directas de lo representado. Siempre puedes tomar algo, romperlo por la mitad, tomar la mitad, romperla por la mitad y encontrar al final que cada uno de los fragmentos es igual al anterior. Una perfecta metonimia. Por eso, cuando tienes un sistema donde los valores son otorgados arbitrariamente, resulta absurdo esperar que una fracción sea igual al todo. Las palabras, por ejemplo, no tienen casi nunca relación con lo que sustituyen. O, mejor dicho, tienen una relación forzada. Un sistema construido a partir de palabras requiere necesariamente un acercamiento mucho más plástico. De ahí la burla de las ciencias sociales para las ciencias duras y el frío reduccionismo de la Ciencia desde las Humanidades.

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